Israel Macías Ramos publicó ayer un post muy interesante sobre un proyecto que estamos haciendo para el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA): enseñar a un modelo a distinguir "se parece" de "es el mismo mapa" entre miles de escaneos históricos.

Contaba el problema técnico muy bien. Pero hay una frase suya que me parece más importante que el problema técnico en sí: la IA no sustituye a quien conoce el archivo, le quita la parte de buscar una aguja en un pajar.

Llevo muchos años en contratación pública y esa distinción se está volviendo el centro de todo. No es "automatizar o no automatizar". Es decidir con precisión qué parte del trabajo merece el criterio de un experto y qué parte es puro volumen que nadie debería seguir haciendo a mano.

En nuestro caso, con un archivero, con un técnico redactando una oferta o con alguien decidiendo si dos mapas son el mismo documento, el patrón se repite: el modelo reduce el pajar, la persona decide sobre lo que queda. Cambiar ese orden, dejar que decida la máquina y que la persona revise después, es donde peor suelen salir estos proyectos.

𝐋𝐨 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐈𝐀 𝐞𝐬 𝐜𝐚𝐩𝐚𝐳 𝐝𝐞 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫. 𝐄𝐬 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐞𝐜𝐢𝐝𝐢𝐦𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐢𝐠𝐚 𝐡𝐚𝐜𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚.