
Y creo que ahí está el cambio del que poco se habla.
Cuando pensamos en "crear una app" pensamos en producto: usuarios, mantenimiento, roadmap, algo que dura.
Pero hay una categoría entera de software que antes simplemente no existía, porque no salía a cuenta: la herramienta que resuelve un problema que solo tienes tú, que usas cuatro veces y luego borras.
Antes, ese cálculo nunca cuadraba. Si automatizar algo me costaba dos días y hacerlo a mano me costaba dos horas al mes, lo hacía a mano. Durante años. Y ni me lo planteaba.
Lo que ha cambiado no es la velocidad. Es el umbral.
Cuando construir algo cuesta veinte minutos, deja de tener sentido preguntarse si merece la pena. Simplemente lo haces.
Un script que ordena unos ficheros con una estructura rara que solo aparece en un proyecto concreto. Una interfaz mínima para revisar unos datos sin abrir cinco pestañas. Una herramienta que solo tiene sentido esta semana, para este cliente, y que la semana que viene no existirá.
Nada de eso es producto. No tiene usuarios, ni tests, ni documentación. No debería tenerlos. Y ese es justo el punto.
Lo que me parece más interesante:
Hemos pasado de "¿esto justifica el esfuerzo de programarlo?" a "¿esto me molesta lo suficiente como para dedicarle veinte minutos?". Son preguntas muy distintas, y la segunda se contesta que sí muchísimas más veces.
El software dejó de ser solo algo que se construye para otros. Ahora también es algo que te construyes para ti, del mismo modo que te apañas una estantería en casa sin pretender montar una carpintería.
Sigo pensando que lo que va a producción es otra liga y requiere otro rigor. Pero esta categoría intermedia —software personal, temporal, sin ambición— es nueva, y creo que va a cambiar la forma de trabajar de mucha gente que ni siquiera se considera programadora.
¿Habéis construido algo así? ¿Algo que solo tenía sentido para vosotros?
