📚 En una cultura del trabajo que premia sobre todo la eficiencia y lo medible, el cálculo, los números, el código, reciben casi siempre una valoración social mayor que la escritura, la reflexión o el análisis cualitativo. Esa jerarquía separa a los perfiles técnicos o cuantitativos de los perfiles humanísticos o de letras.

Así que se me ha ocurrido algo. Preguntar directamente a cuatro personas con las que trabajo cada día, dos de IT y dos de analítica de datos, qué les aporta en su trabajo contar con un perfil como el mío, de sociología, redacción y reflexión. Esto es lo que me han respondido 👇

💻 𝗗𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗜𝗧: Israel Macías Ramos, desarrollador de software, habla de la tranquilidad de saber que lo que se comunica hacia fuera se revisa al detalle, que tiene sentido y se dice de la forma correcta, lo que eleva la calidad final de cualquier entrega. Eduardo Gonzalez Perez, ingeniero senior de datos e IA, va un paso más allá y pone el foco en el lenguaje: la capacidad de extraer significado del texto, de entender matices y expresiones, es precisamente lo que a un perfil entrenado para pensar casi en binario más le cuesta.

📊 𝗗𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗮𝗻𝗮𝗹𝗶𝘁𝗶𝗰𝗮 𝗱𝗲 𝗱𝗮𝘁𝗼𝘀: Lisseth Campo Angarita, técnica en análisis y visualización de datos, destaca que un perfil como el mío da contexto a los indicadores y dashboards, convierte el número en historia, y eso hace que el análisis conecte de verdad con quien lo lee. Heidy S. Ríos U., especialista en Business Intelligence, usa una palabra muy concreta: profundidad. La capacidad de no quedarse en el dato, sino preguntarse qué hay detrás, qué tensiones esconde, qué no se ve si solo se mira el porcentaje.

🔍 Cuatro personas, dos ámbitos radicalmente distintos al mío, y una misma idea de fondo, que los números y el lenguaje no compiten, se necesitan.