Cuando empecé con la ISO 9001 y la 14001, no voy a mentir: lo primero que pensé fue en el certificado. En tenerlo listo si un pliego lo pedía. En la subvención que nos ayudó a financiarlo. En quitármelo de encima.

Lo que no esperaba era que el proceso te obliga a mirarte por dentro.

No de forma dramática. Pero sí te hace preguntas que, si no tienes una norma encima, puedes ignorar cómodamente: ¿cómo documentamos esto? ¿por qué lo hacemos así? ¿qué hacemos con este residuo, con este gasto, con este proceso que nadie ha revisado en años?

Con el tiempo, y ya llevamos unos años con ambas certificaciones más el ENS, lo que noto no es que tengamos un certificado en PDF archivado en alguna carpeta del Drive. Es que hay cosas que ya no se hacen de otra manera. El reciclaje, el control del gasto energético, los procesos internos... no porque lo diga una norma, sino porque ya forma parte de cómo trabajamos.

Ahora estamos preparando la implantación de la UNE-EN ISO 56001, la norma de gestión de la innovación. Y esta vez sí sé lo que me espera. No un trámite. Una pregunta más.

En Indexa nos consideramos una empresa socialmente responsable. No como eslogan. Como decisión que se renueva cada vez que toca auditoría y tienes que demostrar que lo que dices es lo que haces.