
Hace poco entregué un proyecto en QGIS y, como siempre, antes de mandarlo, revisé la pestaña Propiedades del Proyecto.
Es la parte que casi nadie mira. No es estrictamente obligatoria para que el mapa funcione y se visualice, pero la considero prioritaria y una buena práctica profesional rellenarla. Al entregar un proyecto, estos metadatos y configuraciones garantizan que tu trabajo sea comprensible, reutilizable y profesional.
Hay tres cosas que considero fundamentales: rutas relativas, SRC definido y los metadatos mínimos que debe llevar. Y no menos importantes, pero que también me gusta tener siempre a punto son los estilos y las macros.
Rutas relativas. Si las rutas de las capas quedan absolutas, el proyecto se rompe en cuanto lo abres en otro ordenador. Cambiarlo a relativo (Proyecto > Propiedades > General) lleva diez segundos y evita un "no se pudo cargar la capa".
SRC bien identificado. El sistema de referencia de coordenadas correcto para la zona de trabajo evita desalineaciones y errores de cálculo que a veces ni siquiera se ven a simple vista, hasta que el análisis empieza a fallar.
Metadatos mínimos. Título, autoría, resumen y licencia, en la pestaña Metadatos. No es un trámite: es lo que le dice a quien abra el proyecto dentro de seis meses -o a mí misma- qué es esto, quién lo hizo y qué puede hacer con ello.
Estilos y macros del proyecto. Hay dos pestañas que se pasan por alto todavía más: Estilos, donde se fijan los símbolos y colores predeterminados para cualquier capa nueva, y Macros, donde puedes dejar funciones en Python que se ejecutan al abrir, guardar o cerrar el proyecto. Ninguna de las dos vive en un archivo aparte: todo queda embebido en el .qgz, así que quien reciba el proyecto hereda también esas decisiones, no solo los datos.
A veces esto no es solo buena práctica, si el proyecto es para una administración pública, entra en el ámbito de la Directiva INSPIRE, que en España se aplica a través de la Ley 14/2010 (LISIGE) y que define un mínimo de metadatos obligatorio, el perfil NEM (Núcleo Español de Metadatos), basado en ISO 19115.
Pero al final, todo esto es un léeme. Una memoria de trazabilidad que no explica el mapa, sino el proceso qué se decidió, con qué criterio, y en qué momento. No está pensada para quien mira el resultado, sino para quien tenga que retomarlo -y esa persona, con frecuencia, eres tú misma seis meses después. "Yo del futuro" te lo va a agradecer, sobre todo si tu "yo del futuro" no tiene ni idea de por qué eligió esa clasificación de intervalos.
Nada de esto lo exige el software. Algunas veces lo exige el contrato o la normativa. Pero incluso cuando no lo exige nadie, sigue siendo la diferencia entre entregar un proyecto que se explica solo y entregar uno que solo funciona mientras tú estés ahí para contarlo.
